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“La noción de patrimonio es importante para la cultura y el desarrollo en cuanto constituye el “capital cultural” de las sociedades contemporáneas. Contribuye a la revalorización continua de las culturas y de las identidades, y es un vehículo importante para la transmisión de experiencias, aptitudes y conocimientos entre las generaciones. Además, es fuente de inspiración para la creatividad y la innovación, que generan los productos culturales contemporáneos y futuros”, analiza UNESCO.

En este Día del Patrimonio, queremos poner en valor la historia iniciática y el espíritu fundacional de nuestra compañía, La Huella Teatro, que desde el origen ha abrazado la inconmensurable geografía y la rica historia local, despegando fuerza creativa sobre tres pilares fundamentales: el territorio, la investigación y la creación.

“Desde La Huella Teatro observamos nuestro patrimonio, lo vivimos y somos parte de él, recorriéndolo y habitándolo, a través del teatro, llegando a lugares aislados, compartiendo con las comunidades, aprendiendo mutuamente, descubriendo historias locales…”, reflexiona Alejandra Rojas, directora de La  Huella Teatro. 

Por eso hoy les invitamos a viajar a través de un registro fotográfico a los orígenes de La Huella Teatro: Estas fotos hablan de la primera gira de la compañía por el Norte Grande con el montaje original “Botitas Negras”, obra resultante de un proceso de investigación en terreno realizado los años 2003 – 2004, en la ciudad de Calama, Región de Antofagasta, sobre la historia de la animita de la popular “Botitas Negras”, prostituta muy conocida en el ambiente bohemio calameño.

Se trató de una travesía artística por la II Región, impulsada por un equipo sin límites, en tiempos en que circular parecía un sueño inalcanzable. 

“Tuvimos el apoyo de la asociación de municipalidades y junto a Cristian Núñez, quien en ese entonces era nuestro productor, y Dagmara Wyskiel, quien nos acompañó para documentar el proceso, a través de la fotografía, realizamos una gira por la Región de Antofagasta, llegando hasta los 3.660 metros de altura en la localidad de Ollagüe. Esta gira marcó los cimientos de nuestro quehacer teatral, trabajamos con la comunidad, realizamos trueques y nos encontramos con nuestros paisajes… viajábamos en una van todos y en un camión muy pequeño llevábamos nuestra escenografía. Cada lugar era especial, cada lugar representaba algo y desde ese entonces decidimos que no pararíamos nunca de viajar, porque esto era lo importante: llegar a los lugares más recónditos y mirar a la comunidad”. Alejandra Rojas.

Posterior a esa gira, en 2005 continuaron los viajes y siempre fueron documentados, a través de historias en videos o fotografías.

La Huella Teatro estuvo en Visviri, a más de 4,300 metros de altura dando una función de “Botitas Negras”. Donde la compañía recuerda como un hito muy significativo el hecho de haber abierto el Teatro de Pisagua para limpiarlo, habilitarlo y convocar a una función.

“Pensábamos que tal vez nadie llegaría, pero eso no ocurrió. Tuvimos una bella función”, relata la directora de la compañía. 

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