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Por Lorena Alvarez Ch.

Muy preciso en sus palabras y claro en sus pensamientos, Julio Hotus, reflexiona sobre la situación actual de la cultura en Rapa Nui; las oportunidades y los desafíos que se presentan ante la crisis sanitaria y los vínculos constructivos que han dado paso a una relación saludable entre el movimiento artístico de la Isla y la compañía antofagastina La Huella Teatro.

Hotus es artista, artesano, músico, educador y asesor cultural de múltiples proyectos en Rapa Nui y ha sido un actor clave en la relación colaborativa y artística que se ha gestado entre el Desierto de Atacama y la Isla.

¿Cuándo y cómo comienza el vínculo con La Huella Teatro?

Mi vínculo comienza cerca del 2005 o 2006, en la primera visita de La Huella Teatro a Rapa Nui. Yo estaba trabajando en el departamento de Cultura de la Municipalidad de Rapa Nui y me tocó apoyarlos con lo que había… somos de las municipalidades pobres, en comparación con otras… recursos no teníamos bastantes, pero conseguimos los recursos ínfimos y mas lo que ella autogestionó, logramos levantar una obra Allqu Yana, Perro Negro.

Y además, yo tenía una conexión anterior con el Norte…mi madre es originaria de Antofagasta, tengo parientes allá.

Tengo una conexión muy fuerte con ese lugar, con el desierto, con la arena con el mar. Entonces creamos un vínculo inquebrantable.

Es un lindo vínculo que tengo con Alejandra, con su familia, con la compañía

¿Cuál es tu opinión sobre las experiencias culturales que genera La Huella Teatro e Identidades Festival?

Siempre he tenido la mejor opinión de La Huella Teatro y Alejandra. Ellos han dejado su nombre aquí.  Dejaron su huella. Personalmente soy fan número uno de esta compañía. El trabajo de Alejandra es fantástico, ella es incansable, imparable, tenaz.

¡Muchas gracias por eso a Ale y a todo el equipo!

¿Cómo aportan al desarrollo de grupos culturales de la Isla los intercambios y trueques que han hecho con La Huella Teatro? (como la visita de obras de teatro a Rapa Nui o la producción conjunta del proyecto “Mana, lejana posesión”).

Es tremendo. Piensa tú que no existe el teatro acá en la Isla. Existen varias iniciativas, gran parte del mundo artístico está enfocado a satisfacer la demanda del visitante. Nosotros quedamos pegados en ser un show. Una muestra para producir entretenimiento al visitante que viene al parque. Somos la parte “entretenida” del tema. El arte se ha ido por ese camino.

El arte por el arte, creo que no está.

Y creo que en esta situación actual, estamos volviendo a reevaluarnos, a reconocernos. A decirnos: “ah verdad que existe esto”; “ah verdad que se puede plantar”, “ah verdad que hay gente que no había visto”, ¡claro que hay gente que no habíamos visto porque estábamos cegados por los pesos, por los dólares, por los euros! Y ahora que no estamos buscando el dinero, estamos buscando sobrevivir, ver qué vamos a comer, entonces ahora estamos viendo que hay un vecino un pariente, gente de afuera que nunca habíamos visto. Y en el mundo artístico también está pasando.

Estamos pasando a ser propuesta, más que una respuesta.

Yo siempre lo he dicho, nosotros nunca hemos sido una propuesta artística, sino que siempre hemos sido una respuesta: “ah el público quiere baile”, “ah le tenemos baile, canciones, performance de cualquier tipo”.

Y en ese caso La Huella Teatro, que ya lleva casi dos décadas viniendo a Rapa Nui, nos dejó una semilla: ese sentimiento de que el arte también podemos disfrutarlo. No es algo utilitario, no es arte utilitario.

Esa es la semilla que dejó La Huella Teatro, al incentivar a los más jóvenes en los colegios, y a los adultos también, al decirles, vengan a ver una obra de teatro.

Eso es arte, arte por disfrutar. 

¿Cómo visualizas el panorama cultural en Rapa Nui luego de la crisis sanitaria?

El panorama cultural ha cambiado.

Se vislumbra diferente, en varios temas de la cultura general.

En lo que respecta a lo social, a lo político, a lo religioso, a lo artístico ha cambiado. Y está cambiando, y creo que es para mejor.

El ámbito cultural se visualiza diferente, tenemos más por conocer, por entender y por practicar… no todo enfocado al turismo, como en estos últimos 50 años.

El panorama a futuro se ve con cambios grandes y drásticos, en todo ámbito.

Desde tu perspectiva y la de tu comunidad, ¿cómo podemos fortalecernos espiritualmente o anímicamente para sobrellevar estos tiempos de incertidumbre?

En el aislamiento, la gente aquí logró crear una civilización basada en el culto a los antepasados, posiblemente. Y también sufrieron un gran quiebre como civilización.

Pudimos renacer, con aportes de afuera, y durante largas décadas, nos hemos ido adaptando a esta soledad y a esta distancia en todo.

Hay lugares, como el Parque La Campana, donde te subes y puede ver otras montañas, otros cerros, otras comunas … pero aquí te subes y solo ves la Isla. La tierra más cercana que ves es la luna. Y ese aislamiento es el que nos hace pensar y ver las cosas de un modo diferente, más calmado quizá.

A nosotros nos ha significado en nuestra comunidad, un aterrizaje forzoso.

Pero también hay mucha gente que dice que está bien, porque no tenemos grandes complicaciones ni de salud, ni de abastecimiento, ni económico. 

Está bien porque fue un frenazo, un aterrizaje forzoso, repito, para ver hacia dónde íbamos.

Estábamos demasiado metidos en el turismo y en hacer dinero, y hoy día el dinero sí sirve para comprar las mismas cosas que tenemos acá, pero va a llegar el día en que no podamos comernos, ni bebernos el dinero.

Quizá sí dar una palabra de aliento a muchos compatriotas que hoy están sufriendo en la metrópoli y puedan estar afectados.

No queremos ser el ejemplo del mundo, como dicen algunos, pero sí podemos ser aliento y agradecemos a todos quienes han hecho alguna gestión para nosotros acá, que estamos a más de 4 mil kilómetros del continente.

Desde la perspectiva mapuche recientemente celebramos Wetripantu, ¿en Rapa Nui celebran el cambio de ciclo?

En la Isla no existe esa celebración, nosotros hemos sido tan influenciados por Occidente, que todo el conocimiento de la Antigua Civilización se perdió. Lo que vemos hoy es una recreación, una copia feliz de no se sabe qué, enfocado todo al turismo. Gran parte de los rituales propios de la Isla tienen que ver con una especie de sincretismo entre la religión católica y los remanentes de antiguas creencias, para ser bien estricto en el tema.

En la actualidad se buscan símiles, traducciones, acercamientos, incluso, algunos pueblos originarios del continente con los que me ha tocado compartir, tampoco lo tienen muy claro.

Estamos en lo cierto de que estamos en un cambio de estación y que el hemisferio sur queda un poco más alejado del sol, y eso es algo archiconocido en cualquier convenio de astronomía, de donde sea, al menos en la cultura Occidental.

Cuando tú preguntas acá en la Isla o a personas del continente de los pueblos originarios, no tienen claro cómo marcar el día del solsticio. Podemos hacer todas las celebraciones que queramos, pero no tenemos la clave para saber cuál es el día del solsticio. En la antigüedad, puedo teorizar que sí tenían ese conocimiento.

No existe en la actualidad ningún conocimiento propio, ninguna fórmula o clave, que nosotros los Rapanui, con conocimiento propio, podamos indicar el día del solsticio. Solo recibimos información del mundo forastero. Pero en realidad el paso del otoño al invierno acá no se celebra.

Se celebra la Tapati, la Navidad y otras fiestas, pero todo eso enfocado en una base cultural forastera, a excepción de los rituales funerarios y otros rituales que están ligados en gran parte a la Iglesia Católica, que sobretodo, los intelectuales del continente o los forasteros dicen: “no toquen eso porque es de la Iglesia Católica”. Cuando se equivocan, en el sentido que es lo más auténtico que tenemos, el resto es solo una maqueta para turistas.

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